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La participación se aprende participando

Actualmente se habla mucho de participación ciudadana en los asuntos del país, incluso se dice que debe haber iniciativas legislativas para los ciudadanos y ciudadanas, sin embargo no se toma en cuenta a la niñez y adolescentes cuando hablamos de participación.

Los niños, las niñas y los adolescentes son sujetos de derechos por tanto deberían también participar y tener la posibilidad de ser parte de las decisiones en temas relevantes que hacen a Bolivia.

En el Código del Niño, Niña y Adolescente se reconoce a los niños y las niñas como sujetos de derechos. “Los niños, niñas y adolescentes, como sujetos de derechos, gozan de todos los derechos fundamentales y garantías constitucionales inherentes a toda persona, …” (Art. 5 Garantías)

Asimismo, en la Constitución Política del Estado, en el artículo 58 se reconoce a niños, niñas y adolescentes como titulares de derechos. Esto implica reconocimiento de su capacidad y potencialidad en la construcción de un país más democrático que tome en cuenta a todos los sectores sociales sin discriminación alguna.

Además, la edad ya no es un factor de discriminación, como se señala en el artículo 14 de la CPE. “El Estado prohíbe y sanciona toda forma de discriminación fundada en razón de sexo, color, edad,…” En este sentido es un desafío promover una cultura de reconocimiento de niños, niñas y adolescentes como sujetos sociales y de derecho, ya que históricamente su aporte a la construcción de la sociedad ha sido invisibilizada y ocultada.

En nuestro país es muy frecuente la discriminación por edad, generalmente percibimos a niños, niñas y adolescentes como futuro, por eso la sociedad insiste en formarlos para el mañana, para que después sean personas, esta percepción posterga el ejercicio de sus derechos, mucho más si se trata del derecho a la participación, porque se cree que sólo los adultos pueden participar. Es por ello que en las familias se escucha “hijo no te metas es conversación de adultos, tú no sabes”; “cállate tú no sabes de política”; “esto es cosa de grandes no de niños”, etc.

Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas 2001, en Bolivia, las personas entre 0 a 18 años de edad constituyen el 47,2 por ciento de la población, lo que determina la importancia de este sector. Sin embargo la participación de niños y niñas en la vida política, económica, social, cultural del país no es reconocida. Ellos contribuyeron y contribuyen al desarrollo económico, social, cultural y político del país.

Por lo que es un desafío el reconocimiento efectivo como personas, sujetos individuales y colectivos imprescindibles para el desarrollo del país, para el sumaj kausay. No se puede vivir bien, ignorando la participación de niños, niñas y adolescentes, faltaría una parte para que estemos completos y en armonía. El proceso de cambio será incompleto si no supera la exclusión de la niñez y la adolescencia.

Los que trabajamos con niños, niñas, adolescentes y jóvenes consideramos que la participación se aprende participando, además que la participación se educa. Si vemos la historia de nuestro país, por ejemplo, las mujeres a partir de 1952 tenemos derecho a ejercer nuestro derecho a voto, es decir recién nos han tomado en cuenta para participar, por eso es comprensible que aún pocas mujeres se animen a participar en política, no es falta de voluntad sino que no hemos aprendido, no ha sido nuestra práctica cotidiana como la de los varones.

Por ello, para que no suceda esto con los niños, niñas, adolescentes y jóvenes ellos tienen que aprender a participar de las decisiones desde pequeños, pero a participar de verdad no sólo a hacer simulacro de participación.  A veces los adultos generamos espacios para hacer creer que los niños y las niñas participan, uno de esos espacios inventados es el parlamento infantil, el concejo municipal de niños y niñas, la asamblea plurinacional de niños y niñas, esas instancias simplemente son un teatro, no es espacio de participación real en la toma de decisiones.

Tal vez la intención es mostrar que las formas de organización de los adultos es tan buena que desde niños tienen que hacer eso, por otra parte esto refuerza la idea de que el niños es el futuro y que ahora hagan lo que tienen que hacer en el futuro, esto es una postergación de su ciudadanía, además de reforzar formas de organización sin cuestionar que si son efectivos o no.

Los niños, las niñas y los adolescentes tienen que participar en el presente en las decisiones que a ellos les interese, no se les puede limitar el espacio, ellos tienen que aprender a tomar decisiones y a asumir las consecuencias de sus decisiones en la vida cotidiana. A decidir se aprende decidiendo. Los niños y las niñas tienes muchos espacios en los que pueden tomar decisiones sólo que los adultos no les dejamos, en las unidades educativas pueden opinar sobre los planes, contenidos y metodología, si responde o no a sus necesidades. En la familia lo mismo los niños y niñas pueden ser parte de las decisiones, en el barrio.

A veces algunas personas dicen que ahora a los jóvenes no les interesa el país, no se meten a la política, no saben de los problemas, quien sabe eso nos quiere decir algo, que ellos no están de acuerdo con la forma de hacer política,  como ahora lo estamos haciendo, o tal vez están reclamando que les tomemos en cuenta.

Todavía en nuestra sociedad existe la tendencia de decir a los niños, deja que nosotros los adultos hablaremos de temas del país y de política, esa no es conversación de niños, anda a jugar aquí hablamos los adultos, no te metas tu que sabes, frases que cotidianamente escuchamos. De esta manera estamos educando para la participación y estamos reduciendo el papel de niños sólo al juego.

Los niños, niñas y adolescentes si no ejercen su derecho a la participación de manera real será difícil que luego reclamemos participación de la sociedad civil.

Hay que educar en la participación y no excluirlos, por ejemplo en casa los niños y las niñas deben participar en las decisiones de qué hacer el fin de semana y cómo organizar la vida familiar.

En las unidades educativas deben tener participación real, a veces se les consulta pero no se les toma en cuenta.

Asimismo, hay que darle mayor efectividad a las mesas directivas de las unidades educativas y no sólo dejarles que se organicen de la forma que ellos crean que es funcional no imponerles formas de organización de los adultos.

En algunos centros educativos como en el CEPJA los niños, las niñas y los jóvenes han decidido organizarse de manera rotativa. Tienen la idea de que ser representante exige estar pendiente de los otros, tener ideas para proponer, animar al grupo y eso es un trabajo extra por lo que han decidió turnarse.

El desafío es buscar otras formas alternativas de organización no reforzar las mismas que existen como única posibilidad, al menos darnos la posibilidad de pensar de que otra forma de organización es posible, buscar formas de organización más diversas y que incluyan a todos; adultos y niños, niñas y adolescentes, quien sabe conjuntamente pensamos mejor y construimos una sociedad mejor.

Por otra parte una organización democrática no debe basarse en las jerarquías establecidas por los adultos. A veces se refuerzan jerarquías individuales protagonismos de algunas personas y se está perdiendo el mirar a las directivas de las organizaciones como servidores.

El  fortalecimiento de la democracia es imposible  sin la participación de niños, niñas y jóvenes. Puesto que uno de los fundamentos pensados para fortalecer la democracia visto desde el proceso de cambio, es la equidad e inclusión social, no podemos concebir cambios en base a exclusiones.

La sociedad en este proceso de transformación social tiene que ser capaz de re-organizar las viejas estructuras organizativas -basadas en la participación de unos cuantos- promoviendo la organización diferente y diversa en el que participen niñas, niños, jóvenes y adultos al mismo tiempo.

Está bien el decir hay un avance en que los jóvenes de 18 años ahora puedan ser asambleístas, diputados, artículo 149 de la Constitución Política del Estado: “para ser candidata o candidato a la Asamblea Legislativa Plurinacional se requerirá cumplir con las condiciones generales de acceso al servicio público, contar con dieciocho años de edad cumplidos al momento de la elección,…”

Sin embargo el acceso no es suficiente sino la participación real en las decisiones no sólo se debe aprovechar como bandera política para afirmar la participación el avance es que piensen con cabeza propia, que no hagan sólo lo que sus asesores adultos les digan.

Los jóvenes no pueden acceder a las estructuras políticas sólo para legitimar estructuras de poder jerárquicas.

Se está perdiendo la noción de autoridad como servicio y pasa a la cuestión por mérito personal y por haber trabajado en el sindicato tiene recompensa de un espacio en la estructura de poder.

Participación supone toma de decisiones tienes que ser parte de las decisiones para controlar, participar del proceso de planificación ejecución y evaluación.

Se debe construir espacios para que los jóvenes experimenten diferentes formas de organización que promueva la participación democrática a la que ellos, consideren que puede aportar a una construcción de una sociedad con justicia.

El cambio que estamos viviendo en el país no sólo debe incorporar el enfoque de género y de interculturalidad sino también el enfoque generacional, entendido como el reconocimiento por parte del Estado y la sociedad de los niños, niñas y adolescentes como sujetos sociales que participan en la construcción de la sociedad y de la historia.


Radio Cepja 90.1 FM




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