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PROCESOS CULTURALES GLOBALIZADOS | Lo mismo en una aldea de la Baja Baviera que en Calcuta, Singapur o en las favelas de Río de Janeiro, se ven los mismos culebrones televisivos y se llevan los mismos vaqueros. (Ulric Beck) En el ánimo de no ser apocalípticos frente a los procesos culturales globales, proponemos dos reflexiones concretas surgidas de la globalización de los procesos culturales: la desterritorialización de la cultura y a la conformación de nuevos espacios alternativos de construcción de identidades.
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PROCESOS CULTURALES GLOBALIZADOS Si bien los procesos de globalización han sido eminentemente económicos, políticos y tecnológicos, el ámbito de lo cultural no ha quedado al margen; la mundialización ha permeabilizado también los planos culturales, en unos casos favoreciendo la socialización de bienes simbólicos y en otros con severas restricciones, sobre todo a las clases subalterneas. En el ánimo de no ser apocalípticos frente a los procesos culturales globales, proponemos dos reflexiones concretas surgidas de la globalización de los procesos culturales: la desterritorialización de la cultura y a la conformación de nuevos espacios alternativos de construcción de identidades. Des-territorialización de la cultura En esta simultaneidad global somos, cada día más, “ciudadanos de un solo mundo” en el que sus fronteras han desaparecido o han sido borradas por el desplazamiento multidireccional de capitales, productos de consumos y productos culturales que no reconocen distancias, estilos de vida, ni territorios. Todo parece plantear una incontestable homogenización de la “aldea global”. La globalización es una multiplicidad de procesos que se cruzan y se articulan entre sí, pero que no siempre caminan en la misma dirección. La globalización pese a su paradójica capacidad de mundializar y fragmentar, no ha terminado por des-construir las colectividades y su diferentes modos y usos en el mercado global. “Ni con el Estado-nación desaparecieron las culturas locales -cambiaron sí sus condiciones de existencia-, ni con la globalización va a desaparecer la heterogeneidad cultural” (MARTIN BARBERO 2005). Se reconoce en la globalización, una situación dialéctica de coexistencia de lo local y lo global. De manera recurrente autores refieren esta idea: “El proceso de globalización hace que se junten y se entrelacen contradictoriamente una serie de procesos opuestos: lo universal con lo particular, lo global y lo local, lo tradicional y lo moderno, las dimensiones macro y micro” (ANDRADE 2005). Los acentuados procesos migratorios que se generan principalmente hacia los países más favorecidos económicamente, han permitido que las tradicionales fronteras nacionales hayan sido rebasadas por las simbólicas o culturales. Es usual, en la actualidad, encontrar grandes aglutinaciones sociales que pertenecen a un sinnúmero de identidades culturales. Los territorios nacionales, regionales y locales han dejado de ser monoculturales, o al menos referentes exclusivos de tradiciones e identidades puras. En ciudades como Los Ángeles, Buenos Aires, Madrid, México, entre otras, conviven múltiples identidades cohesionadas por los procesos globales comerciales y financieros, que en esencia, son múltiples colectividades culturales. Estas colectividades culturales aglutinadas, suelen adquirir modos y espacios propios de identificarse y reproducir sus modos de vida que los hace diferentes. Claro está, que son también permeables a los valores simbólicos de los contextos en que se posesionan, e integran nuevas formas de producción y consumo de bienes culturales. Muchas culturas, gracias a los procesos migratorios campo-ciudad y país-país, se han re-territorializado o planteado de manera inversa, se han des-territorializado, con criterios que no necesariamente responden a lógicas y conceptos de espacio físico o geográfico. Los espacios culturales actuales, no responden simplemente a equivalencias territoriales de nacionalidades o localidades. Se han construido, en ese proceso de des-territorialización, nuevos modos de formar comunidades en las que los sujetos poseedores de identidades culturales, entran en una nueva dinámica de afirmación, reconocimiento y diferenciación entres los demás colectivos. Los espacios culturales re-territorializados son entonces una suerte de fundamentos de la nueva estructura cultural global, en la que los fundamentalismos culturales locales puros corren riesgo de desaparecer o al menos quedar muy relativizados. Desde esta perspectiva no cuentan los escencialismos culturales que pretenden anquilosar los procesos culturales eminentemente dinámicos. Cuentan por el contrario los procesos de aculturación y de interculturalidad. Nuevos espacios de construcción de identidades. Para nuestro asombro, las culturas y las identidades, no solamente se re-territorializan, sino que emergen nuevas formas de constitución y construcción de identidades, que no se sustentan en territorios, localidades o espacios físicos; más bien, confluyen en las posibilidades que brindan las tecnologías de información y comunicación. Sobre todo la Internet, ha permitido la configuración de comunidades virtuales, que no se sustentan en un espacio físico y menos geográfico. Estas comunidades tienen criterios sobre proximidad y contigüidad, totalmente diferentes a los tradicionales; sus miembros pueden estar geográficamente muy distantes, pero sus relaciones son de alta proximidad. La cultura también se ha transformado por el impacto de las comunicaciones y de las posibilidades nuevas creadas por las nuevas dimensiones de tiempo y espacio. La cultura actual se apoya, se crea y se reproduce también en las formas de relación social que abren ahora las tecnologías de comunicación e información. En el aspecto cultural de la vida social no sólo se ha integrado a la tecnología de comunicación como uno de sus fuentes, sino que ha ido ocupando un lugar cada vez más central en la vida misma de la sociedad (PEDROZA 2002). Estas emergentes formas de asociaciones, son motivadas por experiencias compartidas, intereses comunes, que gracias a las posibilidades comunicacionales, están conformando nuevos grupos sociales, nuevas formas de relacionamiento, rompiendo una vez más con los tradicionales cánones identitarios. Jesús Martín Barbero, en una publicación relacionada con el tema, apunta de manera enfática: Hasta hace muy poco decir identidad era hablar de raíces, raigambre, territorio, tiempo largo, memoria simbólicamente densa. De eso y solamente de eso estaba hecha la identidad. Pero hoy decir identidad implica también -si no queremos condenarla al limbo de una tradición desconectada de las mutaciones perceptivas y expresivas del presente- hablar de redes, flujos, movilidades, instantaneidad, desanclaje (MARTIN-BARBERO 2005). Hay que apuntar, que estos nuevos espacios de construcción o confluencia de identidades, con lógicas de tiempo y espacio diferentes, son muy excluyentes; es decir, no están abiertas a todos y también no son accesibles para gran parte del planeta; esta es la parte excluyente de la globalización de la que apuntábamos. Al ser comunidades de identificación y adscripción por interés, ya es una suerte de restricción. Los participantes o miembros de estas nuevas conformaciones, toman la decisión de integrarse por propia voluntad, lo que profundiza aún más el carácter simbólico de la “nueva identidad” y condiciona la pervivencia de la “comunidad” a la frecuencia de participación, de producción, recepción y consumo de determinados bienes culturales y simbólicos, también de un determinado grupo limitado de participantes. Por otra parte, adscribirse y participar de estos nuevos espacios de construcción de identidades, no está al alcance de todos; los accesos son restringidos por esas asimetrías de la misma globalización. Gran parte de la población mundial no tiene, aunque parezca paradójico, acceso a Internet y por ende a las posibilidades que brindan las tecnologías de información y comunicación. Mientras que en los países del llamado “primer mundo” el acceso a estos medios es más que común; en países de África y Sudamérica, es aún restrictivo; más aún en los espacios geográficos no urbanos. …esta tecnología no está distribuida equitativamente, produciendo un paisaje de desigualdad en las comunicaciones globales, pues mientras el hemisferio norte del planeta goza con la posibilidad de comunicarse gracias a la adecuada colocación y distribución de los nodos y las redes de tecnología de comunicación, la otra parte del planeta no disfruta de este tipo de recursos, generando una brecha de oportunidades de contactarse con la misma rapidez y eficiencia (PEDROZA 2002). Esta lectura, puede no condecir con la realidad cotidiana (como se explica que en países como Bolivia se multipliquen los cibercafes en los lugares más inusitados) pero lo cierto es que, en tema de acceso a las tecnologías de la información y comunicación, hay muchas y variadas restricciones. Con todas las contradicciones posibles, la globalización ha incluido también en su vertiginoso y totalizante proceso al ámbito cultural de las sociedades. Lo que acabamos de analizar, está pasando hoy en el mundo entero y lógicamente en Latinoamérica; así está configurado el proceso cultural en América Latina; sucede en un proceso social colectivo, aquel que no descubren los estados y las administraciones públicas de la cultura, o quizás no quieren descubrir y asumir nuevas y contemporáneas formas de proceso de producción consumos de bienes culturales. Desafíos de los educadores y educadoras El ¿cómo se posesionan los educadores? ante los novísimos procesos culturales globalizados, es sin duda un gran desafío; para muchos, puede parecer aterrador, que la identidades culturales pierdan sus fronteras geográficas y se sumerjan en un proceso cultural global, sin perder sus particulares. Los educadores y educadoras deben sensibilizarse a las nuevas lógicas de los procesos culturales, antes que satanizarlos, porque no responden a nuestras tradicionales maneras de entender las identidades culturales. No debe sorprendernos que los jóvenes de la Cochabamba de hoy por ejemplo, disfruten de las manifestaciones y representaciones culturales autóctonas y simultáneamente, vibren con la música metálica o se vistan con indumentarias oscuras y sicodélicas al puro estilo punk. No por ello, deja de ser boliviano, cochabambino o quizás de la zona sud de la ciudad. Disfruta y goza con la misma intensidad de la música de los Jkarkas, como la de Marilyn Mansson. Los educadores y educadoras debemos estar atentos a las nuevas formas de decodificación que los jóvenes y niños adoptan en una realidad indefectiblemente globalizada. El desafío será integrar estos procesos culturales globalizados, a los procesos educativos. Rafo Alviz. BIBLIOGRAFIA CONSULTADA ANDRADE GUEVARA, Víctor Manuel 2005 Globalización, cultura y complejidad: miradas desde un nodo periférico. En: "ver texto" (08/10/05)
BECK, Ulric. 2001. ¿Qué es la globalización?: Falacias del globalismo, respuestas a la globalización. Buenos Aires, Paidós MARTIN BARBERO, Jesús 2005 Políticas Culturales de nación en tiempos de globalización. En http://www.revistanumero.com/31col.htm (19/09/2005) PEDROSA, Gabriela. 2002. Globalización y cultura, un nuevo espacio para las identidades sociales. En: http://hiper-textos.mty.itesm.mx/pedrozanum5.htm (08/10/05) Entenderemos por comunidad virtual todos lo grupos de interés comunicados a través de la red; sea mediante chat, listas de discusiones, foros y otros medios virtuales. Estas comunidades se relacionan por algún interés, de los que no se descartan los temas de producción, distribución y consumos de bienes simbólicos o culturales. |